Crítica de El hombre de las mil caras

El Hombre de las Mil Caras

El Hombre de las Mil Caras

El vuelo de Ícaro

Hartos de la eterna y odiosa comparación con Hollywood -esa supuesta meca del cine que a cada estreno actual nos hace dudar en si cambiar de dirección de rezo- el cine español por fin viene remontando la última década para posicionarse en un escalón más que decente. Películas de calidad aunque no de cantidad. La gran mayoría de directores/as prefieren mirar por la taquilla más que por las experiencias y sensaciones de cada persona que se sienta en la butaca; y por eso, a los que arriesgan siempre hay que valorárselo y sumarle de más, es lo mínimo que merecen.

Alberto Rodríguez es uno de los que ha trabajado incansablemente construyendo su propio camino hacia un cine elitista, de los que nos hacen levantar la cabeza y sacar pecho por ella en cualquier festival internacional e incluso entre amigos guiris. Todo cuenta.

Tras dos películas sobre suelo sevillano, donde daba una lección a la industria del cine y sus componentes, les mostraba lo que se puede hacer con los recursos que disponemos -el dinero siempre en boca como moneda excusatoria. En 2014 con su Isla Mínima nos transportaba a las emociones que envuelven las superproducciones, expulsando a cada toma una megalomanía literal. Ahora vuelve con El hombre de las mil caras, la historia de Francisco Paesa, un agente secreto del gobierno español que actuaba casi como asesor financiero a Luis Roldán, director general de la Guardia Civil, en asuntos monetarios para nada legales.

La producción no tiene ninguna fisura. Una espectacular dirección que conlleva a una película limpia y constante, y las numerosas localizaciones alrededor del mundo enriquecen la película y al equipo de fotografía dan un filón que explotar. En cuanto a aspectos técnicos, El hombre de las mil caras es toda una delicia audiovisual. No se puede decir lo mismo del guión, un enmarañado de datos y acciones en las que la confusión va de la mano. Dos horas con demasiado que contar o por lo menos lo que Alberto Rodríguez quería contar -no se echa en falta una reducción de metraje aunque sí una buena reestructuración de la historia. Del trío actoral, sobresalientes Eduard Fernández y Carlos Santos (Francisco Paesa y Luis Roldán respectivamente). José Coronado, dando vida al piloto y mano derecha de Paco Paesa, está fuera de juego durante toda la película. Un actor que suele cumplir con nota pero que esta vez está soso, sin alma; siendo el narrador con voz en off durante toda la película fácilmente reemplazable. Una pena.

Como si de la historia mitológica de Dédalo e Ícaro se tratara, Alberto Rodríguez volaba alto, hacia niveles envidiables hasta que cayó bajando el nivel autoimpuesto en sus películas. No creo que haya sido por exceso de confianza, sino un simple tropiezo del que todos estaremos agradecidos en pasar por alto, con tal de poder disfrutar en la próxima ocasión con las mismas ganas que nos tiene acostumbrados.

Título Original: El hombre de las mil caras
Dirección: Alberto Rodríguez
Guion: Alberto Rodríguez, Rafael Cobos
Reparto: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba

Fotografía: Alex Catalán
Montaje: José M. G. Moyano
Música: Julio de la Rosa

Productores: Antonio Asensio Mosbah, José Antonio Félez, Mercedes Gamero, Gervasio Iglesias, Mikel Lejarza, Francisco Ramos
Productores ejecutivos: Gabriel Arias-Salgado, Eneko Gutiérrez, Paco Gómez Zayas, Axel Kuschevatzky, José Torrescusa
Distribución: Warner Bros. Pictures, Zeta Cinema / Atresmedia Cine / Atípica Films / Sacromonte

Género: Thriller – Biografía- Espionaje
Duración: 123 min



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