Crítica de Si Dios quiere

Si Dios quiere

Si Dios quiere

El conflicto de las certezas absolutas

No hay que restar importancia a las primeras veces. Hagas lo que hagas, para bien o para mal, va a quedar reflejado en tu historial. Pero si hablamos de cine, esas experiencias no se quedan en la simple vivencia personal, estás expuesto a un público duro y sin compasión que estará para recordártelo cuando sea necesario. Si todo esto aún no te convence, avisaremos que es mejor no lanzarse a la piscina y estudiar bien tu primer paso en el mundo cinematográfico, y podemos aseguraros que Edoardo Falcone se ha traído la lección aprendida de casa. El guionista italiano ha decidido dar el salto hacia la dirección, un cargo de responsabilidad en cuanto a críticas se refiere pero que -por lo menos en este caso- no tiene por qué esconderse sino recoger con los brazos abiertos y la cabeza alta el trabajo bien hecho.

El novel se presenta al público con una comedia con la religión como leitmotiv. Llegados a este punto quiero y necesito recalcar una palabra: Italia. Gracias a Dios (mera expresión para hilar, lo juro) nuestro país comparte el Mediterráneo pero no el humor. Si Dios quiere es una historia inteligente, sin la necesidad de caer en chistes fáciles con el único objetivo de cumplir pobremente. La base del argumento es la contraposición entre lo racional y lo esotérico, lo que se traduce en el conflicto entre Tommaso (Marco Giallini) -cardiólogo con la ciencia por bandera- y Pietro (Alessandro Gassman), un cura predicador que con su notable entusiasmo logra embaucar hacia la vida religiosa a Andrea, hijo de Tommaso. Este, un hombre racional y con un sentido del humor ácido, ve como su hijo se distancia de los ideales que había imaginado. El modelo a seguir erigido se desvanece en cuanto Andrea empieza a frecuentar charlas religiosas, sintiendo que Dios le llama y la medicina no es para él (no sabemos cuál es peor para su padre). Como consecuencia de la desesperación, Tommaso se embarca en una rudimentaria investigación con el fin de »desenmascarar» a Pietro. El resultado lo tendréis que ver en el cine.

Edoardo Falcone crea personajes a cuál más diferente y extravagante. Este hecho, que a manos de otro director podría haber desembocado en un mejunje sin sentido, pasa a ser pieza fundamental en el ingenioso guion. Funciona de maravilla, personajes complementándose unos con otros y mantenidos al mismo nivel. Las actuaciones son muy destacables en ámbito general, pero sobre todo Marco Giallini que se desenvuelve a la perfección con un personaje difícil. El metraje no tiene altibajos excepto por un final algo atropellado que resuelve con acierto. El saber ligar la comedia con la religión sin dejarse llevar por los clichés suma puntos al cómputo global, dando resultado una película divertida y animada.

El director novel escribe el primer capítulo de lo que esperemos que sea una historia larga y duradera. No desaprovechar el impulso que le ha dado este film debe convertirse en su objetivo cinematográfico.

Título Original: Se Dio vuole
Dirección: Edoardo Maria Falcone
Guion: Edoardo Maria Falcone, Marco Martani
Reparto: Marco Giallini, Alessandro Gassman, Laura Morante, Ilaria Spada, Edoardo Pesce, Enrico Oetiker, Carlo De Ruggeri, Giuseppina Cervizzi, Alex Cendron, Fabrizio Giannini, Silvia Munguia

Fotografía: Tommaso Borgstrom
Montaje: Luciana Pandolfelli
Música: Carlo Virzì

Productores: Mario Gianani y Lorenzo Mieli
Productores ejecutivos: Olivia Sleiter
Distribución: A Contracorriente Films

Género: Comedia
Duración: 87 min.
Calificación por edades: No recomendada para menores 12 años.



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